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Septimazo
Carrera séptima entre la Plaza de Bolivar (carrera 7 #11-10) y la Parroquia de San Diego (carrera 7 # 26-47).
Cómo llegarSi hay algo que hace parte del imaginario bogotano, es el septimazo. Sinónimo de convocatoria, vitrina, exhibición y reconocimiento, el paseo por la Carrera Séptima en cualquier dirección es más allá de una tradición, una manera de conocer quiénes y cómo somos los colombianos.
Y es que, más allá de que en el imaginario citadino el septimazo tiene unos límites precisos entre la Plaza de Bolívar y la Parroquia de San Diego, sus 23, 4 km la hacen un camino casi interminable. A cada paso, en cada calle y con cada imagen, que es una postal, esta es culturalmente la avenida emblemática de la ciudad.
En el pasado conocida como la calle principal o Calle Real, luego Avenida Séptima, Avenida de la República o Avenida Alberto Lleras Camargo, fue hecha sobre un camino indígena que los conquistadores españoles llamaron “camino de la sal o de Tunja” y que justamente comunicaba a Santafé con el pueblo de indios de Usaquén y la Villa de Zipaquirá.
Y es que el patrimonio de la carrera séptima no solo se encuentra en los Monumentos Nacionales o los Bienes de Interés Cultural que la rodean; también está en la diversidad de actividades que permite: allí podrás encontrar juegos de azar, entretenimiento callejero, baile, alimentación, risas y hasta rumba diurna y nocturna.
El septimazo es también un paseo por la arquitectura y su historia. A veces colonial, a veces enmarcada por la construcción popular y de clase media del siglo 19. En unos lugares es de estilo republicano, en otros neoclásico y hasta moderno.
El septimazo es un viaje de delicioso contraste. Su andar ofrece al visitante de a pie una variopinta cantidad de espectáculos, desde marchas militares y manifestaciones políticas hasta el show callejero del mimo, el caricaturista, el fotógrafo, los incansables jugadores de ajedrez y los repentinos artistas de jazz, salsa y de música indígena con sus quenas y charangos.